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Masoquismo en la atención al cliente

“De cadeneros, meseros y otros discriminadores”, era una segunda opción de mi colaboración semanal, espero no haber errado, en caso que así fuera, se aguanta, que al fin de cuentas de eso se trata el tema, de todo lo que aguantamos resignadamente como clientes, algunas veces porque creemos que no existe otra manera en la que nos atiendan y por otra arista, porque sin lugar a dudas, nos encanta la mala vida.

Ejemplos muy claros, los tenemos en la telefonía y servicios de internet, en ambos recae las calificaciones más bajas de atención y servicio al cliente, así como los niveles más bajos de efectividad en la respuesta que se da a las demandas que llegan sobre este par de servicios.

Este mes estuve 12 días sin internet, el anterior 7, en ambos casos levanté cerca de 30 reportes, empleé las vías personales, telefónicas, chats y las palancas, o sea conocidos. Fue hasta que expuse mi caso en redes que alguien decidió presionar un botón y regresarme el servicio por el que estoy pagando puntualmente.

En uno de los reportes dice la señorita “qué quiere que yo haga, yo solamente tomo los reportes”, me dice otro personaje “estamos trabajando lo más rápido posible, si nos presiona eso no cambia nada”. Te dan 3 días de margen para que ellos lo resuelvan y cuando vas en el 12 se molestan porque los presionas, así de triste.

Telmex me descontó 20 pesos por los daños ocasionados, son tan generosos, tan atentos, tan amables, que lo único que han logrado es que me mantenga en esta relación casi enfermiza, pues cuando he buscado otras empresas que sustituyan este servicio, he vivido viacrucis mayores, por eso uno termina quedándose con el menos “pior”.

Otro ejemplo es el que se ejerce por medio de la selectividad y discriminación, cadeneros, capitanes de meseros, supervisores, asignadores de lugares y recepcionistas, se unen a la larga e interminable fila de personajes que reciben salarios muy pequeños pero con un ladrillo al cual subirse, además de que en sus manos tienen el control de aplicar políticas de hace un par de siglos (no pueden entrar con tenis, deben esperar 2 horas para asignarles mesas, solo pueden ingresar si tiene reservación…)

Las personas que me conocen, saben que odio ir a someterme a los criterios de empleados que las aplican arbitrariamente, pocas veces voy a antros, tengo un umbral muy bajo de espera y cuando me faltan el respeto les leo la cartilla, se los hago saber (sin llegar a ser un gentleman viral, por supuesto).

El punto a tratar es nuestra gran predilección como consumidores por los lugares apretados, en esos donde nos atienden después de horas, donde nos hacen caras para llevarnos un salero, donde nos vensolamente como una cartera y no como personas.

Nos gusta el amor apache, nos encanta rogar para ser seleccionados por el cadenero, nos gusta que nos cobren de más en la cuenta y que le agreguen una “propina” a la propina, nos encanta quejarnos (como yo), pero nos cuesta trabajo ir ante las instancias correspondientes, se nos hace muy fácil denunciarlos en la redes sociales, pero nos resulta imposible dejar de ir a sus establecimientos o dejar de consumir sus productos.  Recordemos que “el que por gusto es buey, hasta la yunta lame”.

Publicado en: http://www.informabtl.com/masoquismo-en-la-atencion-a-clientes/

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